El Frente Sandinista de Liberación Nacional no logra vencer viejas contradicciones que datan desde 1975 cuando las primeras refutaciones entre sus dirigentes los fraccionó en tres tendencias: Guerra Popular Prolongada, Proletarios, y Terceristas. Pues no hay afinidades ideológicas ni consenso en cómo dirigir las transformaciones sociales, para cambiar el sistema semi feudal.
Son los mismos altercados que llevaron a Carlos Fonseca ir a la selva tropical a promover el diálogo para la unidad, luego de que, quienes ahora lo niegan y falsean la historia, le descalificaron, aun siendo él ejemplar persona, como lo manifiestan quienes le conocieron desde la infancia, y el máximo líder, reafirmándolo con su arriesgado viaje, bajo lluvia intensa, a pesar de su miopía física, que le costó la vida cayendo en combate, un 8 de noviembre, hace treinta y tres años.
Pero no sólo Carlos pereció, también principales cuadros del directorio guerrillero, con una actitud invariable de revolucionarios, consecuentes con su formación teórica científica opuesta a las concepciones y prácticas burguesas, y estructuradores del pensamiento sandinista que ahora no se estudia.
De las controversias surgieron descalificaciones, ofensas y amenazas de muerte a quienes disintieron de conceptos y procedimientos, fue la primera reacción de aquel entonces. No lograron manejar el equilibrio entre la disciplina militar que exigía la clandestinidad guerrillera y el análisis y debate que implica ser de izquierda.
A pesar del legado histórico de la guerra de guerrilla del ejército antimperialista y nacionalista, de Agusto César Sandino, a finales de los años veinte, que demostró aglutinar a miles de campesinos descalzos, la focalización militar fue el primer intento de quienes se proclamaron sus herederos en los años sesenta.
Así, en los años setenta los cuadros del FSLN, no lograron consensuar concepto y táctica para sostener y ampliar la influencia del movimiento guerrillero, sumamente golpeado por la represión de la dictadura somocista después del exitoso asalto a la casa de José María (Chema) Castillo, el 28 de diciembre de 1974.
Fundamentos controversiales
Desde entonces, algunos elementos fundamentales a resolver se asientan en El centralismo democrático versus verticalismo militar, La calidad de sus cuadros en contraposición a la cantidad, La alianza con la burguesía y la cooptación de valores, La implementación del Programa Histórico del FSLN, desde un análisis marxista, o la doctrina socialdemócrata.
El triunfo sobre la dictadura somocista, en 1979, apenas abrió espacios para la participación efectiva de la población organizada, en la implementación del programa revolucionario. Las circunstancias de amenaza imperialista, más la formación histórica de sus dirigentes militares, cercenaron las iniciativas de muchos cuadros del partido.
La burguesía, y no hablo de compañeros de esa extracción, sino de quienes ocuparon espacios de poder continuando con sus ideas y relaciones de poder en detrimento de la liberación de la clase explotada del país, sojuzgándola y manipulándola.
La unidad de las tendencias formó feudos durante el gobierno de los años ochenta, para no crear conflictos que impidieran aún más sostener el proceso agredido por Estados Unidos aprovechando el descontento que generó en la población muchas de las erradas políticas.
Es donde vemos que los desacuerdos que cómo abordar al campesino, sus intereses personales, su organización, y la aplicación de la Reforma Agraria, fue la principal causa del surgimiento de la contrarrevolución armada.
El verticalismo de la Dirección Nacional Conjunta, integrada por tres representantes de cada tendencia, obstruyó la efectiva participación de guerrilleros sandinistas campesinos o con vínculos permanentes con ellos durante la lucha antisomocista. Los omnipotentes se empecinaron en menospreciar sus sencillas y reales propuestas, sus aspiraciones por las cuales se enfrentaron a la represión somocista.
Ese modelo se reprodujo bajando en la escala de mando con la misma prepotencia y unilateralidad. El cargo les daba la potestad de ungirse como sabios revolucionarios, a quienes debían obedecer ciegamente las bases del partido, los verdaderos conocedores de su realidad y aspiraciones de los otros que “estaban abajo”.
Por supuesto, había más condiciones subjetivas y objetivas para rebelarse que actualmente, pero no lo suficiente para funcionar el centralismo democrático en los organismos partidarios y organizaciones de masas o sectoriales.
La reproducción de las relaciones de poder burguesa, desde entonces ha creado fricciones entre sandinistas adinerados y pobres, los primeros han vivido, en la mayoría de los casos por influencias del FSLN, y los segundos, en su mayoría, defendiendo con las armas a la revolución en los ochenta y en las calles después del noventa.
Sigue, entonces, el malestar por la conducción del partido por parte de personas que no alcanzan el nivel ideológico para estar en el cargo directivo, con aspiraciones y vida burguesa, y quienes padecen la miseria después de treinta o más años de lucha en condiciones de alto riesgo.
¿Burgueses de izquierda?
La alianza con la burguesía más bien atrajo a directivos del FSLN a pensar, aspirar, respirar y vivir similar a sus aliados. De tal manera que la reestructuración de la táctica para alcanzar, sostener y transformar el poder estratégico en beneficio de la mayoría empobrecida, se convirtió, sobre todo, en un concepto social demócrata capitalista.
Fomentan el clientelismo político, con técnicas y modelos economicistas, cortoplacistas, y programas de dádivas, asistenciales, que ideológicamente fomentan la dependencia del beneficiado hacia quien ostenta el dinero y bienes a repartir.
Se suma al tradicional verticalismo, la erección de Daniel a la par de dios, manejando la formación cognoscitiva cósmica de la población a pesar de que sabemos de donde proviene, sus objetivos y resultados desde la dominación colonial.
De igual manera, en la escala de mando “bajan orientaciones” para cumplirse sin aceptar propuestas o diferencias conceptuales o metodológicas. El matrimonio presidencial es elevado a la máxima expresión divina, y por consecuencia “sus cuadros” en las diferentes posiciones de poder también se auto ensalzan.
No es válido pensar, buscar la liberación de proponer y realizar acciones, asumiendo cada quien la responsabilidad convincente de obtener resultados realmente benéficos para erradicar la opresión del burgués, y lograr la liberación conceptual y económica de los empobrecidos por medio de sus propias iniciativas. Ya se olvidaron de cómo el trabajo transformó al mono en hombre.
La lucha de clases en el FSLN se mantiene, incluso me atrevo a decir que se encuentra en la conspiración experimentada del sandinista combatiente, sea un versado o no en la teoría marxista, que sin pretender traicionar su trayectoria e ideales piensa y vive la injusta repartición de riqueza y poder en el partido que arriesgando su vida ayudó a sostener.
El Programa Histórico del FSLN y sus fundamentos ideológicos siguen pendientes en tanto no se venzan las prácticas burguesas, consumistas, nepóticas, corruptas, elitistas y por tanto excluyentes y opresoras, comenzando en casa, en la organización dominada ahora, en su mayoría, por los nuevos capitalistas.
Debemos continuar recordando a Carlos Fonseca: “No se trata de un simple cambio de hombres en el poder, sino de un cambio de sistema.” Y llevar a la práctica su pensamiento y actos, sin dejarnos persuadir de los sustentadores del sistema que deseamos erradicar.

hola como esta mi madre le envia saludos y queria hacerle saber que le gustaria comunicarse con usted estodo por el momento adios
Comentario por fernando ruiz rosales — 11 Noviembre 2009 @ 11:41
Esto es lo que pienso del FSLN actual. Hay que ir a Sandino para retomar el verdadero sentido del sandinismo.
Sandino, la Constitución y la pistola
En la película mexicana “La Ley de Herodes”, entregan simbólicamente al nuevo alcalde dos instrumentos principales para llevar a cabo su trabajo: la pistola y la Constitución (o sea, la capacidad de ejercer violencia y la de administrar la ley). La pistola posibilita a Juan Vargas, el nuevo alcalde, intimidar a la población. La Constitución, así como sus reinterpretaciones y particulares añadidos, le permite imponer multas, crear nuevos impuestos y obtener recursos de la gente. Curiosamente crea un gran hueco en la misma Constitución para guardar el dinero recaudado, símbolo del uso adulterado que se hace de ella. Esta película se convierte en una excelente sátira de la corrupción política en México durante el largo mandato de un partido autodenominado revolucionario, que puede indudablemente extenderse a otras situaciones latinoamericanas y nicaragüenses. Esta ficción, por supuesto, se inspira en la realidad. Y a veces ésta también supera a la ficción.
La Constitución y las leyes, en palabras no oficiales de los aparentes revolucionarios del FSLN actual, contienen bastantes párrafos y páginas desechables, pues están inspiradas en el sistema capitalista y no están orientadas a dar solución a los problemas de los pobres. Pero no explican convenientemente algo: si el propio Gobierno no cumple con la Constitución y las leyes, ¿por qué han de ser castigados otros ciudadanos por infringirlas? Todos somos iguales. ¿Unos más que otros?
Este irrespeto a las leyes y la Constitución es evidente hoy en Nicaragua y no necesitamos detenernos en él. Símbolos y banderas partidarias en casi todas las instituciones estatales y municipales, utilización descarada de vehículos y recursos del Estado para fines partidarios, reparto “obligatorio” de carnets a los empleados públicos, magistrados electorales que “no cuentan” bien los votos y ni siquiera publican los resultados completos, policías que hacen la vista gorda ante “los delincuentes callejeros danielistas”… Y hasta casi 30 personas, entre ministros/as y embajadores, han sido nombrados ilegalmente sin la aprobación de la Asamblea Nacional, al margen de lo establecido por las últimas reformas constitucionales aprobadas por el propio FSLN y el PLC en 2005 (para restarle poder al Gobierno de Bolaños). ¿Era éste el primer paso hacia la profundización del parlamentarismo que abanderaba el FSLN?
Pero la arbitrariedad y la arrogancia de este Gobierno no tienen límites. En vez de acudir a su sagrada, aunque deliberadamente malentendida, “democracia directa” para reelegir a su caudillo como lo hizo Chávez (referéndum) o de optar por un mecanismo al menos legal para cambiar la Constitución (Asamblea), la única vía que encontró fue pasar por encima de la Ley de Amparo y de la misma Constitución y usar a sus magistrados electorales y judiciales, dada la “fidelidad al amo” que les caracteriza. Los métodos efectivos de los aprendices de dictadores no pueden variar demasiado de los ya implantados en la historia por dictadores sanguinarios como los Somoza.
Y si se invoca el principio de igualdad para aprobar la reelección de Daniel y de los alcaldes sandinistas habría que seguir reformando la Constitución, al menos en sus artículos 134, 161 y 171 (sobre la elección de diputados y magistrados). Hay quien puede preguntarse: ¿Por qué alguien debe tener 25 años para ser presidente, 30 para ser magistrado del poder judicial y 35 para el CSE? ¿Acaso no puede una persona de 24 años ser mejor presidente que algunos de los presidentes anteriores? ¿Por qué a los 26 años, una persona puede ser presidente, pero no magistrado?… ¿Por qué han de ser abogados los magistrados y se prohíbe a una extensa mayoría de la población el acceso a dicho cargo? La verdad es que cualquier ciudadano puede burlarse de las leyes y la Constitución al igual que los magistrados, sin necesidad de ser abogado.
Parecen ya no recordar los dirigentes y simpatizantes actuales del FSLN (Fanáticos, Sátrapas y Lobotomizados de Nicaragua) que Sandino tomó las armas tras una ruptura constitucional en 1926, cuando Emiliano Chamorro trata de “hacerse presidente” por las bravas. De ahí surge la “guerra constitucionalista” impulsada por Juan Bautista Sacasa, el vicepresidente que debería haber sido presidente, después de la renuncia del presidente Carlos Solórzano tras el golpe de Estado de Emiliano (el “lomazo”). En este caso, la guerra civil se origina en la ambición personal de una persona (Emiliano Chamorro) y en la ruptura del orden constitucional apoyada por una fuerza extranjera con intereses en el país (Estados Unidos). ¿Aprenderemos alguna vez de la historia? ¿O tendremos que repetirla?
En su escrito “A la raza latinoamericana”, donde expone las razones para volver a Nicaragua y acudir a la guerra constitucionalista, Sandino describe a Chamorro y a Díaz (convertidos en presidente y vicepresidente de facto, al margen de la Constitución) como usurpadores del poder nacional y como vendepatrias. ¡Cuidado Daniel con los calificativos que dirige a sus enemigos políticos, pues pueden volverle como un boomerang! No cabe duda: Sandino fue nacionalista y antiimperialista. Pero también quiso defender la libertad y la Constitución de los políticos y gobernantes sin escrúpulos.
No debería olvidarse de eso Daniel, que muy probablemente hace tiempo dejó de leer los escritos de Sandino, Carlos Fonseca y del mismo Che Guevara, para sustituirlos por los de Maquiavelo. No debería olvidarse de eso tampoco el conjunto de los sandinistas, militen o no en el FSLN del siglo XXI, cada vez más secuestrado. Para que en el presente y en el futuro de Nicaragua se pueda confiar más en la Constitución y las leyes que en las pistolas y garrotes para buscar soluciones a los conflictos. Para evitar más sangre y más guerras que hundan al país. Para que no sean necesarios nuevos combatientes valientes y dignos que luchen contra dictadores desalmados.
Crescencio Rendón
Comentario por Crescencio Rendón — 2 Diciembre 2009 @ 18:40